La violencia doméstica es un tema interminable, no solamente en los Estados Unidos -donde un millón 300 mil mujeres sufren ataques físicos en su hogar- sino en todo el mundo.
En América Latina, la mayor parte de los problemas nacen en la familia y se multiplican en los pueblos, la mayoría de las veces por el consumo exagerado de licor y otras sustancias.
Hace 20 años existe una ley que protege a las victimas de la violencia doméstica, abuso o tráfic o sexual. El problema persiste.
Hombres y mujeres de todas las edades, líderes comunitarios, educadores, padres de familia y autoridades debemos trabajar unidos para lograr PAZ EN LA FAMILIA.
Si existe violencia en el hogar también estallará en el vecindario, los bares, las escuelas y sitios de concentración deportiva.
Antes de 1994 se creía que el abuso doméstico era un asunto privado de la familia, y que nadie debía intervenir desde afuera. Las víctimas -hombres,mujeres y niños- sufrían en silencio.
Aunque los casos han disminuido, muchas personas siguen viviendo con miedo, bajo su propio techo, donde esconden el dolor del abuso.
Las parejas del mismo sexo también experimentan las huellas y cicatrices que deja la violencia. Ese tema es dificil de tratar, pero puede tener más graves consecuencias que se encierran en la privacidad.
Esa violencia hogareña tambien golpea a las tribus indígenas y personas con estatus migratorio irregular.
Much@s inmigrantes guardan esa realidad por miedo a las denuncias.
Lo que se conocía como violencia contra la mujer es ahora un flagelo contra toda la humanidad.
Violencia en las palabras, en las miradas, en la injusticia laboral, en la discriminación y la falta de comprensión nos pueden azotar a todos.
Más que combatir la violencia, trabajemos por la PAZ.
Carlos Quintero puede ser escuchado a las 12:30m de Lunes a viernes a través de WUNR 1600AM y los sábados a la 1:30pm





