“Creí que iba a morir alcoholizado, pero logré salir de las tinieblas”
Carlos Mario López vino de El Salvador cuando tenía 17 años de edad, cruzó la frontera “mojado” como muchos, trabajó de “sol a sol” para labrarse un futuro mejor, pero las “garras del alcohol” lo atraparon.
Por MAXIMO TORRES
Su vida es una constante lucha, el alcohol casi lo lleva a la perdición, a la muerte. “Creo haber regresado del más allá”, dice Carlos Mario López, originario de San Salvador, El Salvador, quien emigró a los Estados Unidos a la edad de 17 años “con un mundo de ilusiones, de sueños”.
“Vine sin estudios, pero con muchos deseos de trabajar”, anota. Su primer trabajo lo consiguió “lavando platos” en un restaurante, pero al cabo de seis meses en el año 84 tuvo la suerte de pasar a ser ayudante de cocina ganando un sueldo de 3 dólares con 25 centavos.
Eran otros tiempos, la vida le sonreía, trabajaba de “sol a sol” y sus sueños de abrirse paso en un mundo desconocido sentía que se hacían realidad. .
A la edad de 23 años se casó con una mujer que, según dice, ha significado mucho en su vida. Le dio dos hijas maravillosas, Carmen y Casandra.
“Siempre traté de buscar un mejor futuro para mi familia, pero las garras del alcohol me atraparon”, relata.
Mario no tiene verguenza de contar su historia, de hablar de una realidad que a muchos le espanta. “Yo tenía en mente que iba a morir alcoholizado, yo era un borracho nocturno, salía de trabajar y me ponía a beber en la calle”.
“Yo comencé a tomar a los 25 años, esa fue la etapa más dura de mi vida, bebía como loco siempre buscando una excusa para embriagarme. Soy un buen trabajador, pero no me dan los méritos. Era una de las excusas”.
Por ese entonces Mario llegó al punto que ya no quería ir a trabajar por tomar con los amigos. “El alcohol me dominaba, lo que me llevó tres veces a servir tiempo en la cárcel por 90 días por conducir en estado de ebriedad. La última vez fue en el 2008 y desde ahi estoy fuera de bebidas alcohólicas hasta la fecha”.
“Lo más difícil ha sido aceptar mi alcoholismo y que por ningún motivo puedo volver a beber, yo he salido del hoyo y le puedo decir a mucha gente que si se puede”, dice.
Mario cuenta su vida en una de las tantas sesiones de un programa de alcohólicos anónimos que ha creado en su propio restaurant en East Boston que es otra historia de “lucha y constancia”.
“Hoy en día tengo la dicha de invitar a muchas personas a nuestras conversaciones de alcohólicos anónimos que la hacemos los días martes y sábados en la 120 de la Meridian, en la parte baja del restaurante Topacio, hablamos de nuestras propias experiencias, de cómo dejamos de ingerir alcohol”.
Con su esposa Sandra, Mario ha logrado darle un vuelco a su vida. “Lo que vivo a diario hoy en día es una bendición de Dios”.
“Yo vine como muchos inmigrantes ‘mojado’ cruzando la frontera, pero estaba muy joven y lo vi como una aventura sin saber lo que iba a ser mi futuro. Nadie me esperaba, ni un tío ni una madre, estaba solo y lo difícil fue abrirme camino”, relata.
En el año 1999 Mario se puso a trabajar con su esposa en cocina en el restaurante de su hermano que lo había puesto a la venta. Ambos decidieron comprarlo, pero habían muchas dudas en la familia al punto que “mi esposa me dijo en que manos de borracho puse todos los ahorros de mi vida”. Al cabo de los años, Mario siente que ha logrado “salir de las tinieblas”. En junio pasado cumplió 25 años de casado y 16 años libre de alcohol. Su nieto es ahora su mayor ilusión. “Sí, se puede”.





