Por El Mundo Boston Media

El Año Nuevo comenzó a festejarse el 1 de enero hace relativamente poco tiempo; fue el papa Gregorio XIII quien lo dispuso en 1582 para todos los países católicos, al inaugurar el calendario en vigencia, que sustituyó al juliano. Luego, poco a poco, las restantes naciones lo incorporaron -los rusos fueron los últimos, en 1917- y así también se aceptó en todo el mundo que el año comenzara el 1 de enero y no el 21 de marzo o el 1 de abril, como solía serlo en los viejos tiempos.
La tradición de los “años viejos” en Ecuador
El “Año Viejo” es un monigote que representa básicamente el año que termina, elaborado con ropa vieja, cartón o papel, relleno de paja o aserrín y con frecuencia con artefactos pirotécnicos, para ser quemado a la medianoche del 31 de diciembre en cada rincón de Ecuador como un ritual de purificación para alejar la mala suerte o las energías negativas del periodo que termina y la celebración de la llegada del nuevo año. Los muñecos se elaboran en familia y se exhiben en los barrios y participan en concursos que algunas autoridades regionales organizan.
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Las doce uvas como tradición del Año Nuevo
Una de las cábalas más conocidas por el año nuevo de es la de las doce uvas. Se dice que esta creencia se originó en España en 1909, a raíz de un sobrante de la extraordinaria cosecha de uvas de esa temporada que llevó a los viticultores a repartir el sobrante y alentar el consumo para atraer la buena suerte. Igualmente, muchas familias hispanas acostumbran a colocar 12 uvas frente a cada comensal en la mesa de fin de año. La tradición dice que habrá que comer una uva por cada campanada del reloj al cumplirse las doce de la noche.





