
Carmen Paulino, como muchas madres en Massachusetts, se la pasa llevando a sus cuatro hijos entre eventos del colegio, prácticas de basketball y cumpleaños familiares. Hace dos años, cuando su hijo Ashton de 12 años de edad le dijo que era transgénero, comenzó a adicionar reuniones comunitarias y congregaciones políticas al horario de su familia.
“Las personas no tienen idea que no es solo una transición para la persona transgénero sino para toda su familia”, dijo Carmen quien tiene familia de República Dominicana.
“Lo cambia todo. Te pone a la defensiva cuando sientes que siempre tienes que dar la pelea. Estoy agotada. Agotada porque siempre hay un reto. Siempre hay una explicación que dar y que está en curso”.
Ellos todavía continúan abogando, un día una congregación, otro día una llamada al banco desde la sala de su casa.
Ashton y Carmen trabajan como un dúo dinámico para defender a las personas transgénero de la discriminación en espacios públicos. La Pregunta 3, sobre la prohibición a la discriminación basada en la identidad de género en lugares públicos, la cual los votantes de la Commonwealth decidirán el 6 de noviembre, tendrá un impacto directo en su familia y en la de muchas otras familias.
Un voto por el Sí mantendrá la ley actual, continuará protegiendo a personas transgénero de la discriminación en espacios públicos, como restaurantes, tiendas, y oficinas médicas. La ley también protege a las personas transgénero de la discriminación en baños públicos y vestidores. Un voto por el No derogaría la ley revocando así las protecciones.
“La comunidad transgénero no está pidiendo un estatus de superioridad, están pidiendo ser tratados con igualdad, como cualquier otra persona”, explicó Ashton, quien aspira a ser el primer presidente latino, de color y transgénero de los Estados Unidos.
“Nuestra comunidad “trans” es una comunidad muy diversa que incluye hombres, mujeres, género no binario, niños, personas de color, es una comunidad enorme”, agregó Carmen. “Esto es sobre el amor y el bien, y de tratar a todo el mundo con dignidad y respeto. Tratar a todos, especialmente a nuestra juventud, a nuestros niños de la misma manera en que te gustaría que trataran a tus hijos”.
Este torbellino de actividades puede que disminuya luego del 6 de noviembre, pero Ashton continuará levantando su voz por asuntos que sean de su importancia.
“Mi transición me ha inspirado a ser un defensor, no solo de la comunidad transgénero, sino de muchas otras comunidades”, dijo Ashton. “Me ha mostrado que tengo una pasión por la defensa de quienes no tienen una voz, y hablar por aquellos quienes su voz no es completamente escuchada”.
A sus 14 años de edad Ashton luce mayor para la edad que tiene debido a la desenvoltura y pasión que tiene por la política.
Este talentoso orador público no tenía palabras para describir lo que pensaba sobre él mismo, recordando ese sentimiento de ser transgénero desde que estaba en preescolar. Ashton simplemente sabía que disfrutaba jugando con juguetes para niños y prefería los pantalones cortos sobre los vestidos.
“Siempre tuve en mi mente que no me sentía bien, supongo, en el cuerpo en el que estaba”, dijo Ashton. En cuarto grado empezó a vestirse más masculino. “Era más cómodo para mi. Internamente me sentía como un niño de verdad, pero sabía que mis amigos me veían como niña”.
Carmen sabía que Ashton era diferente, “pero no sabía realmente lo que significaba porque no quería tomar una decisión por él”. Así que Ashton creció como un ‘marimacho’ antes de su transición. Cuando él quería usar camisetas Polo, Carmen las compraba en color rosa y púrpura. “Así fue como nos encontramos a mitad de camino, ‘al menos te pondrás una camiseta con colores de niña’, y él decía: ‘No mamá, no soy una niña’”.
Cuando Ashton empezó a ver personas transgénero en la televisión, sintió que finalmente tenía una palabra para describir su realidad . Sin embargo, su transición de mujer a hombre, en nombre, vestidos y pronombres, durante el séptimo grado, le trajeron nuevos retos con su familia dominicana, con la comunidad de la iglesia y la gente en general. Ashton pasó de ser una latina de color a un latino transgénero.
“Ashton es evidentemente negro, y es tratado como si lo fuese”, explica Carmen. “Él ha sentido la opresión en la escuela y en muchos otros escenarios”.
Las personas transgénero enfrentan un alto índice de acoso, intimidación y discriminación. Carmen sabe que sin las protecciones que fueron proveídas por la legislatura estatal de Massachusetts durante el 2016, la vida de Ashton sería más difícil y menos segura.
“Mi papel como madre es amar a mi hijo incondicionalmente; ese rol está en los ojos de Dios. Él me dio este hijo para que lo protegiera, lo amara y cuidara de él”, dice Carmen agregando que “mi papel no es el de juzgar a mi hijo, es de asegurarme que sea un buen miembro de la sociedad, que ama, se preocupa y que también sea cuidado”.
Madre e hijo continúan su viaje junto con su gran familia para continuar abogando por otras familias transgénero en Massachusetts.
“Toma mucho trabajo adquirir cualquier tipo de justicia social”, dice Carmen. “Eso me hace sentir más humilde y con los pies en la tierra recordándome que tengo un propósito”.






