Alejandra St. Guillen lanza campaña en toda la ciudad de Boston

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Quiere ser la primera Concejal Latina

Camino a Concejal

Alejandra St. Gillen es una de las mujeres latinas más identificadas por la comunidad. En los últimos 4 años y medio ha trabajado como Directora de la Oficina para el Avance de los inmigrantes de la ciudad de Boston y, según dice, ha sentido muy de cerca la política anti-inmigrante y de odio de la actual administración del presidente Trump. Su compromiso con la justicia social nace desde muy temprana edad guiada por su padre Seimundo, quien murió cuando apenas tenía 13 años. “Fue un golpe muy fuerte”, recuerda, pero logró superar el dolor y la depresión, terminar la secundaria para luego ingresar a la Universidad y graduarse de maestra. Antes de trabajar para el alcalde Walsh desempeñó el cargo de directora de ¿Oíste?, una de las organizaciones pro-inmigrantes de Boston. Ahora ha lanzado su campaña para Concejal At-Large de la ciudad y liderar a una comunidad que, según dice, “necesita cada vez más apoyo”.

“Estoy lanzando mi candidatura a Concejal en honor a mi padre, a mi hermana también fallecida e inspirada por la fuerza de mi increíble madre y porque creo que ya es hora de que una mujer latina esté en el Concejo de la ciudad para abogar por una educación de calidad, por vivienda asequible y por mejores programas de salud”, dice Guillen, cuya historia –según apunta– no es diferente a la de muchos inmigrantes que luchan por salir adelante.

En una concurrida reunión a la que asistieron políticos electos, educadores, empresarios, comunicadores y líderes comunitarios, Guillén habló de su vida personal y profesional tocando el corazón de los asistentes. Se conmovió cuando se refirió a su padre como un ser por demás bondadoso y comprometido con la justicia social.

“Soy bostoniana, pero de raíces inmigrantes”

Nacida y criada en Mission Hill, Alejandra entiende de primera mano las oportunidades que hay para prosperar, así como de los obstáculos que privan a muchas personas para alcanzarlo. Su mayor motivación para ser Concejal es abordar la creciente desigualdad de ingresos y crear alianzas entre vecindarios enfocadas en mejorar la educación y la seguridad pública.

Graduada de Boston Latin School y de City Year, Alejandra comenzó su carrera como maestra de escuelas públicas en las ciudad de Nueva York y Boston. Luego como directora ejecutiva de ¿Oíste? impulsó iniciativas de políticas públicas, justicia económica y reforma electoral que beneficia directamente a las comunidades de color en todo el estado. Como directora de la Oficina para el Avance de los Inmigrantes de la Alcaldía de Boston lideró otras iniciativas como el Proyecto de Arte Público en Boston y el Fondo de Defensa de Inmigrantes de la ciudad.

Su orígen, sus raíces

“Como muchos de ustedes, venimos de orígenes humildes, mi padre un inmigrante venezolano que con mi madre, una mujer que dejó su hogar en New Hampshire, para mudarse a Mission Hill y construir una vida juntos. No hemos tenido mucho, pero lo que teníamos era una comunidad muy fuerte, personas que se cuidaban y se apoyaban mutuamente, un pueblo que creyó en su comunidad y en la capacidad de su comunidad para prosperar”.

Alejandra recuerda a su padre con mucho amor y dice que su vida fue “la clásica historia de los inmigrantes, la historia de América, la historia de Boston. Su tenacidad para aprender inglés, su amor por su tierra natal y su deber como padre para mí y mi hermana, Imette, me enseñaron a valorar la vida. Comenzó trabajando como conserje y luego como maestro y consejero, recuerdo su trabajo con jóvenes que luchaban por la adicción y el sistema judicial”.

Desde muy temprana edad, Alejandra y su hermana recibieron el consejo de sus padres de que la educación era “lo único que nadie podría quitarte. Me hice maestra de escuela guiada por ese mismo principio. Y a pesar de que sigo creyendo firmemente que el acceso a una educación de calidad puede ser transformador para una persona, esto no necesariamente garantiza el éxito”, refiere.

Sobreviviente de otra tragedia

Años después de la muerte de su padre, Alejandra tuvo que sobrevivir a otra gran tragedia, el fallecimiento de su pequeña hermana Imette. “Mi hermana era mi mundo y perdió la vida en un acto de violencia al azar. No puedo repasar las circunstancias y me concentro en lo bueno que era y en lo increíblemente afortunada que fui por haberla tenido conmigo durante casi 25 años”, rememora.

Alejandra cuenta que su hermana menor la ayudó a salir adelante. “Luché a lo largo de la escuela secundaria contra la depresión, pasé muchas noches llorando para dormir, pero me sentía reconfortada por el amor de mi hermana que me buscaba en busca de orientación y protección. No fue hasta la universidad que busqué el tratamiento que necesité durante años y volví a ser la persona que era”.

Con su señora madre, Alejandra sintió muchas veces la soledad, la tristeza por la pérdida de su padre y de su hermana, pero al mismo tiempo se sentía agradecida por el cariño de su comunidad. “Con su amor y el amor de mi padrastro Frank, nuevamente comenzamos un camino hacia la curación. No estoy segura de que podamos sanar completamente, pero seguimos luchando con lo que tenemos a nuestro alrededor para alzarnos y seguir adelante”, anota.

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