
No obstante, la preocupación de los padres de familia y de las autoridades de educación por la posición del sindicato que los agrupa, los transportistas escolares trabajaron sin mayores problemas en los primeros días del inicio del año escolar, recibiendo un incentivo de 50 dólares diarios por la primera semana.
El grupo sindicalista había pedido a las autoridades mantener los autobuses fuera de la carretera hasta que se corrijan las fallas argumentando que “creen que el inicio de las clases presenciales debería ser pospuesto”. Nada de eso ocurrió.
Pero el momento de tensión llegó luego que la alcaldesa interina Kim Janey, y la superintendente escolar Brenda Cassellius, habían advertido a las familias sobre posibles demoras y cancelaciones en el servicio de transporte.
La preocupación surge principalmente entre los padres de estudiantes con discapacidades, ya que temen que podrían esperar mucho tiempo en casa o en una parada de autobús.
Actualmente el sistema de transporte escolar de Boston debe ofrecerle el servicio a cerca de 25.000 estudiantes, y solo cuentan con 700 conductores.





