En las estaciones de la MBTA podemos observar pancartas de la campaña “Lipstick”, dirigida a las damas. No se trata del “pintalabios” sino de una peligrosa y nueva costumbre, mediante la cual la mujer esconde en su cartera el arma de fuego, las municiones y los narcóticos como parte de sus cosméticos.
Por su parte, el hombre carga miles de dólares, producto de su “negocio”. El amor por su pareja y el temor a perderla hacen que la enamorada –casi siempre joven- asuma ese riesgo que la puede llevar a la prisión, perdiendo a su compañero y el resto de ilusiones.
Esa práctica se desarrolla no solamente en el tren sino también en el comercio y en sitios donde revisan al hombre pero no a la mujer.
Muchas compran armas de fuego para sus compañeros, las cuales son usadas para consumar crímenes.
En los dos primeros meses de 2014, la Policía de Boston ha retenido 83 armas ilegales de fuego, aparte de alucinógenos y dinero proveniente del narcotráfico.
Se han dado casos de ingenuas mujeres que han envuelto esos elementos en los pañales de sus bebés, como enseñándoles los primeros pasos hacia la criminalidad.
El amor no puede ser ciego, en casos como estos, donde la mujer lleva todas las de perder.
Los jóvenes deben desviarse del dinero rápido y fácil, que los lleva velozmente a terminar su libertad y su existencia, sin haber disfrutado de las verdaderas riquezas de la vida.
Muchachos: Utilicen mejor esa inteligencia que traen desde niños.





