Latino Voter Lethargy Must End

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Latino Voter Lethargy Must End

During the 2012 presidential election, Latino voters were often credited with turning the national tide in Barack Obama’s favor. Ironically, recently and closer to home, apathy apparently prevailed during last week’s primary for state representative in the Second Suffolk District, which comprises most of Chelsea and neighboring Charlestown.

Despite his solid credentials and endorsements from both The Boston Globe and Boston Herald, longtime Chelsea resident, Roy Avellaneda, whose governmental experience included five terms on the Chelsea City Council, lost to rival Dan Ryan, a Charlestown activist and aide to U.S. Congressman Mike Capuano.

With a low voter turnout, a paltry 2,290 votes were enough for Ryan to carry the district, to Avellaneda’s total of 1,260.

The Second Suffolk District is very much a “tale of two cities.” With nearly 50% of its population Hispanic, Chelsea is this region’s second most Latino city, after Lawrence. By contrast, Charlestown has almost no Latino voters.

Had the Hispanic vote mobilized behind Avellaneda’s candidacy, a Latino would now occupy the rarely vacant seat, which was previously held for more than a decade by Eugene O’Flaherty, who left to become new Boston Mayor Marty Walsh’s Chief Legal Counsel.

In no way should readers think that Ryan will do anything less than admirably and equally represent all of the district’s constituents. It is more a matter of an opportunity lost for Latinos to have exercised their electoral power and be represented by one of our own in one of the state’s most “Latino” cities.

With a growing population, Latinos are not only exerting their purchasing power but are also strongly influencing virtually every aspect of American life, from business and education to entertainment and the arts. It is now more important than ever that Latinos also demonstrate this kind of political muscle at the ballot box.

If we fail to do so – as was the case in Chelsea last week – then the this old adage certainly applies: “If you don’t vote, you can’t complain.”

 

El Letargo del Votante Latino Debe Terminar

Durante las elecciones presidenciales de 2012, los votantes latinos fueron reconocidos muy a menudo por cambiar la ola nacional a favor de Barack Obama. Irónicamente, en fecha reciente y muy cerca a nuestro hogar, la apatía prevaleció aparentemente en las elecciones primarias para representantes estatales, la semana pasada, en el Segundo Distrito de Suffolk, el cual comprende la  mayoría de Chelsea y vecindarios de Charlestown.

A pesar de sus sólidas credenciales y el respaldo tanto del Boston Globe como del Boston Herald, el residente de Chelsea por largo tiempo, Roy Avellaneda, cuya experiencia gubernamental incluye cinco términos en el Concejo Municipal de Chelsea, perdió con su rival Dan Ryan, un activista y auxiliar del congresista de los Estados Unidos Mike Capuano.

Con una baja votación, solamente 2,290 votos fueron suficientes para que Ryan le ganara el distrito a Avellaneda, quien totalizó 1,260 votos.

El Segundo Distrito de Suffolk es algo así como “la cola de las dos ciudades”. Con cerca del 50% de población hispana, Chelsea es la segunda ciudad de la región con más latinos, después de Lawrence. En contraste, Charlestown no tiene casi votantes latinos.

Si el voto hispano se hubiese movilizado para apoyar la candidatura de Avellaneda, un latino estuviese ahora ocupando la silla vacante que tuvo previamente Eugene O´Flaherty, durante más de una década, quien dejó la posición para convertirse en Asesor Legal Jefe del nuevo alcalde de Boston Marty Walsh.

De ninguna manera, los lectores pensarán que Ryan hará algo menos que admirable para representar con igualdad a todos los votantes del distrito. Es más un asunto de una oportunidad perdida para los latinos que han ejercido su poder electoral para ser representados por uno de los suyos en una de las ciudades más “latinas” del estado.

Con una creciente población, los latinos no solamente están ejercitando su poder de compra sino también influyendo fuertemente, en forma virtual, en cada aspecto de la vida americana, desde los negocios y educación hasta entretenimiento y artes. Ahora es más importante que nunca que los latinos también demuestren esa calidad y su fuerza política en las urnas.

Si dejamos de hacerlo –como ocurrió la semana pasada en Chelsea- entonces se aplicará este viejo adagio: “Si usted no vota, no tiene derecho a quejarse”.

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