Aida Ritnery Santana, una joven inmigrante dominicana cuenta la historia de su vida

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“Me gradué de la Universidad porque mi madre me lo pidió como su último deseo”

Su historia es un ejemplo de vida, de superación, pero también de dolor, de sufrimiento. “La muerte de mi madre me cambió la vida”, dice Aida Ritnery Santana, una joven madre inmigrante que por circunstancias de la vida o locuras de juventud dejó la escuela para convertirse en madre. “Muy joven tuve mi primera hija, dejé los estudios, no seguí nada y me dí a la vida”, cuenta.

Santana, según dice, vivía para la diversion hasta que su señora madre cayó enferma. Los medicos le diagnosticaron cáncer. El 7 de septiembre del 2011 María Santana perdió la batalla contra esa terrible enfermedad y “antes de morir me pidió que terminara la Universidad, que me graduara y he cumplido con su último deseo y me siento feliz”.

Pero para esta joven inmigrante dominicana superar la muerte de su madre “no fue nada fácil. No solo era mi mamá sino que era mi mejor amiga, mi hermana, yo era como una adulta bebé y vivía al rededor de mi madre. Cuando murió sentí que me dejaron caer de un paracaídas y allí empiezo a conocer el mundo y todo se me hizo muy difícil”, refiere.

Después de algunos años Aida Santana cuenta que tuvo que aprender a ser mujer y enfrentarse a la vida sola, “pase por muchas adversidades, pero no dejaba de pensar en lo que me había pedido mi madre en su lecho de muerte. Yo quería hacer un cambio, regresar a la Universidad, pero no fue nada fácil, tuve que sortear muchos obstáculos”.

Aida cuenta que comenzó sus estudios con una clase y trabajando “full time”, después subió a dos clases y luego a cuatro clases. “Quería cumplir con el último deseo de mi madre y lo logré”, graduándose como administradora de empresas de Northern Essex Community College de Lawrence.

“Para mi ha sido un sueño hecho realidad y lo que más aprecio es que mi madre se debe sentir feliz en el cielo”, dice Aida que emigró de su país en 1990 con sus padres María y Salvador Santana y sus dos hermanos.

“Llegamos en busca de mejores oportunidades, yo estaba muy pequeña, era una niña, mis padres vinieron a luchar, mi madre abrió un salón de belleza llamado Arisvette Beauty Salon, estuvo 15 años con el negocio involucrándose en asuntos de la comunidad, de la política. Mi madre siempre fue muy activa”, recuerda Aida.

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