¡De la calle a los Altares!

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Fernando José Vivas Alvarado, nicarguense en Boston.

Su historia es real, no es ficción, es el testimonio de un joven nicaraguense que salió de un mundo de perdición para entregarse a Dios.

Su nombre es Fernando José Vivas Alvarado, nació en Managua y creció paradójicamente en el barrio San Judas. Cuando joven su vida no tenía sentido, sus padres emigraron a los Estados Unidos y lo dejaron con su hermana en la casa de una tía y su abuela materna. “Crecí con muchos resentimientos y rencores hacia mis padres”, dice.

Después de vagar por el mundo, de estar con pandillas y sumergido en el alcohol y la mala vida, Vivas Alvarado tuvo una luz en el camino y decidió abrazar el sacerdocio. En el año 2009 ingresó al Seminario en Nicaragua y un año después fue enviado a Boston al Seminario “Redemptoris Mater”.

“Dios tiene el poder para convertir la historia de cada uno de nosotros, ya sea dolorosa o no, en una historia de amor. En esa misma historia nos podemos encontrar con Dios que nos busca y quiere encontrarse con nosotros para amarnos profundamente y es ahí que todo adquiere sentido”, relata.

Es la luz que se le iluminó en una etapa en la que, según dice, “comencé a vivir como si no hubiese un Dios”.

“Soy el menor de dos hijos por parte de madre y tengo cuatro medios hermanos de parte de padre. Permítanme decirles lo que hizo el Señor conmigo. Provengo de una familia muy pobre, aunque mis padres intentaron darme lo que pudieron.

Mi familia era católica de nombre y aunque me habían bautizado no practicábamos nada. Mi padre trabajaba como mecánico y era un alcohólico responsable (bebía los fines de Semana y el lunes iba a trabajar). Yo sabía que llegando el viernes tristemente él se iba a emborrachar. Mi madre era una ama de casa muy celosa porque mi hermana y yo estuviéramos limpios y con ropa bien planchada, pero muchas veces por las frustraciones de la vida, ella era muy estricta y tenía sus momentos de explosiones. Yo crecí con muchos resentimientos y rencores hacia ellos.

A los 15 años sin padres

Al cumplir los 15 años mis padres decidieron venir a trabajar a los Estados Unidos y nos dejaron a mi hermana y a mí con una tía y con mi abuela materna en Nicaragua. Esto provocó en mí una herida muy profunda, porque además de sentirme abandonado, mis padres un año después de haber llegado a los Estados Unidos se separaron.

La única relación que tenía con ellos, la única vez que yo hablaba con ellos, era una vez al mes, el día que nos enviaban dinero. Así terminó mi familia toda destruida y desmembrada: yo me encontré profundamente solo.

Al verme sin padres y al sentirme abandonado, provocó en mí una lucha interna y una rebeldía muy grande. Esto me llevó a cuestionar el sentido de mi vida y de los sufrimientos por los que estaba pasando. Hacía lo posible para no estar en mi casa, me la pasaba jugando baloncesto en la calle con los pandilleros, o en las casas de unos amigos buscando una familia.

Tuve muchas discusiones con mi abuela y tía, por mis acciones y también por el dinero que mis padres enviaban para cubrir nuestros gastos en la casa.

Viviendo sin sentido

Intenté buscar la felicidad en las mujeres y así busqué tener novias pensando que esto me iba a hacer feliz, también en las fiestas y en el licor. Comencé a vivir como si no hubiese un Dios.

Al final mi abuela terminó quebrándome un palo de leña en la espalda y así me fui de la casa a los 19-20 años. No fue hasta que un amigo de la secundaria me insistió tanto que fuera a unas catequesis a la Iglesia, que yo decidí volver a la iglesia católica.

Allí me encontré con una noticia poderosa y es que Dios me amaba sin pedir nada a cambio. Fue entonces que me encontré con Dios y fue algo que me tocó profundamente porque experimenté el perdón de Dios, su inmenso amor “gratuitamente” y más aún, que no me pedía nada a cambio. Aún sabiendo todo lo que yo había hecho, Dios estaba dispuesto a recibirme con amor paterno.

El amor de Dios

Encontré una madre en la iglesia y un padre que era Dios en medio de mi vida desordenada. El me dio la gracia de haberme podido reconciliar con mis padres, mi tía y mi abuela.

Después de unos años, Dios me llamó a entrar al seminario confirmando la vocación a través de personas y hechos concretos en mi vida que me ayudaron a tomar la decisión radical de ingresar, aunque con muchos miedos de abandonar mi trabajo, el cuarto que alquilaba para vivir, mis amistades, mis sueños, mis planes de casarme y formar una familia.

Entré al seminario en Nicaragua en enero del año 2009 y después fui enviado al seminario “Redemptoris Mater” en Boston en enero del 2010. ¿Ustedes se preguntarán tal vez que me impulsa a ser sacerdote?

Un simple hecho: que Dios tiene el poder para convertir la historia de cada uno de nosotros, ya sea dolorosa o no, en una historia de amor. En esa misma historia nos podemos encontrar con Dios que nos busca y quiere encontrarse con nosotros para amarnos profundamente y es ahí que todo adquiere sentido”.

¿Qué es el Seminario Redemptoris Mater?

En septiembre del 2005, en el medio de una gran crisis vocacional, el Cardenal Seán O’Malley, erigió el Seminario Arquidiocesano Misionero “Redemptoris Mater” para la formación de nuevos sacerdotes para la Nueva Evangelización de Boston y para la “Missio ad Gentes”.

Al abrir el Seminario, el Cardenal tenía en mente a los católicos que se habían alejado de la Iglesia y a las necesidades pastorales de la población hispana de Boston.

Además de los 9 presbíteros y 4 diáconos que han sido ordenados y que hoy están sirviendo a nuestras comunidades inmigrantes en Lynn, Chelsea, Revere, Lowell, Marlborough, East Boston, Brockton y Jamaica Plain, el seminario cuenta actualmente con 23 seminaristas, entre ellos 2 dominicanos, 2 nicaragüenses, 2 colombianos, 2 brasileños y muchos más…

Seminario necesita  de nuestra ayuda. Actor mexicano de Hollywood uno de los primeros en dar su apoyo.

Uno de los primeros en responder al pedido del Cardenal O’Malley de ayudar al Seminario “Redemptoris Mater” de Boston, es el famoso actor mexicano de Hollywood, Eduardo Verástegui.

El próximo 16 de Junio, a las 5 de la tarde en el Boston Marriott Quincy, Verástegui será el invitado de honor en la décima Cena de Gala organizada por el Seminario para recaudar fondos.

Esta es una buena oportunidad para la comunidad bostoniana y de otras ciudades de Massachusetts y de Nueva Inglaterra dar su apoyo al seminario que está dedicado a la formación de nuevos sacerdotes y diáconos.

Para más información de cómo pueden ayudar o contactarse con el Seminario.
(617) 879-9813 / [email protected] www.rmsboston.org

No dejes de ayudar
16 de Junio del 2019, 5 pm
Boston Marriott Quincy,
1000 Marriott Dr. Quincy, MA 02169
Eduardo Verástegui
Seminario Redemptoris Mater
Décima Cena de Gala

 

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