
Testimonio exclusivo
Carlos Arredondo, conocido como el “Héroe de Boston” y su esposa Mérida comparten con El Mundo Boston sus impresiones del juicio contra Dzhokhar Tsarnaev, acusado presuntamente por poner junto a su hermano dos bombas caseras en la meta de la maratón de Boston en abril del 2013.
POR MAXIMO TORRES
El juicio ya comenzó, la pena de muerte ronda sobre la cabeza de Dzhokhar Tsarnaev que por fin enfrenta a la justicia a casi dos años del atentado terrorista en el maratón de Boston. Carlos Arredondo, conocido como el “Héroe de Boston”, su esposa Mérida y unas 20 de las víctimas siguen de cerca el juicio en una sala especial para los sobrevivientes. “No todos estamos en la sala principal”, dice Carlos.
“Muchos de nosotros seguimos el juicio con lágrimas en los ojos, sin poder controlar nuestras emociones, mientras vemos al canalla inmutable y sin remordimientos”, anota Mérida.
Ambos están en la sala del lado izquierdo que ha sido destinada para los sobrevivientes del atentado, la otra es para el público y la tercera para la prensa. “Desde nuestro sitio podemos ver a Tsarnaev tocándose la barbilla, pero no nos mira y no ha mostrado ningún gesto de dolor a lo largo de los días del juicio”, aseguró el “Héroe de Boston” que estuvo los dos primeros días en la sala principal a unos metros de Tsarnaev, pero ahora va a estar en la sala de sobrevivientes.
Al parecer el acusado está siguiendo órdenes de sus abogados de no mostrar ninguna actitud y tiene una computadora donde puede ver las evidencias que han presentado en su contra. “Estamos a un lado del canalla”, repite una y otra vez Mérida para describir a Tsarnaev.
Carlos Arredondo, de origen costarricense, que se ganó el aprecio del país por la ayuda que brindó a muchas personas luego del atentado y su esposa llegan desde muy temprano a la Corte. “Si tenemos fortaleza vamos a estar todos los días en el juicio, estamos como testigos de los procedimientos, pero no estamos llamados a testificar en la sala”, explica.
Ambos tienen que controlar sus emociones, pero “lo bueno es que en la sala nos apoyamos unos a los otros, nos ayuda que conocemos a los sobrevivientes del atentado y nos sentimos confortables, más fuertes”, anota Carlos.
“En la sala nadie tiene simpatía por Tsarnaev, lo hemos visto y no presenta ningún
remordimiento ni cuando se habló de la segunda bomba y sus daños destructivos”, dice Mérida, quien ve al bombardero de Boston más delgado y mucho mayor comparado con las fotos anteriores.
A lo largo del juicio no han visto a nadie de la familia de Tsarnaev que haya llegado a darle su apoyo, mientras que la mayor parte de las familia de las víctimas y de los sobrevivientes no quieren estar en la Corte. “Somos un grupo muy pequeño que quiere que haya justicia en este caso y una pronta resolución para continuar con su vida normal”, relata Carlos.
Las bombas que estallaron en el maratón de Boston dejaron tres muertos y 260 heridos, y según el fiscal federal Willam Weinreb que describió en el juicio la sangrienta escena Tsarnaev, de 21 años, “creía que era un soldado en una guerra santa contra los estadounidenses, creía que al lograr esa victoria había dado un paso hacia el paraíso. Ese era su motivo para cometer esos crímenes”.
“El relato de Weinreb nos impactó, muchos seguimos la intervención del fiscal con lágrimas en los ojos”, expresan los esposos Arredondo.
Ambos hablaron en exclusiva con El Mundo pese a que en la sala “nos piden que tratemos de no hablar con la prensa, pero queríamos compartir nuestras emociones con el público latino”.
Desde que comenzó el juicio, Carlos y su esposa se levantan a las 5:00 de la mañana para llegar a la Corte a las 7:00. “Nos transportan en un autobús”, dicen.

Tsarnaev comparece flanqueado por sus abogados y enfrenta 30 cargos que le podrían acarrear la pena de muerte, por el peor atentado cometido en suelo norteamericano desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.
La defensa y la acusación ya han llegado a un acuerdo sobre los 12 miembros del jurado -y seis suplentes- que se encargarán de juzgar a Tsarnaev, de origen checheno y que reside en Estados Unidos desde los 8 años.
“Escuchar el testimonio de sobrevivientes que han quedado dañados físicamente como la muchacha o la mamá que perdieron las dos piernas nos tocó el corazón, nos emocionamos mucho y sentimos como si fuera el día del atentado, el dolor de ese día, los sonidos, fue como revivir ese triste episodio”, concluyen.





