Por Jeaneth D. Santana

Boston – La Cadena de Amistad. Es una organización sin fines de lucro que desde hace 31 años (1984) trabaja en beneficio de los adultos mayores. El objetivo es disminuir o eliminar el aislamiento social, mejorar la calidad de vida y preservar la dignidad de las personas de la tercera edad que viven en el área metropolitana de Boston.
En Jamaica Plain están desde hace 15 años. FrienshipWorks, su nombre en inglés o La Cadena de Amistad en español, cumple una labor altruista en favor de la comunidad del sector; sus voluntarios son una red capacitada en educación, asistencia (defensa de sus derechos) y apoyo emocional; proveen servicios de manera gratuita a personas de más de 60 años y a los de 55 años que hayan perdido su capacidad auditiva o visual.
Los voluntarios cumplen diversas funciones. El Visitante Amistoso visita cada semana la casa una o dos horas, tiempo en el cual pueden tomarse un café, cocinar juntos, salir a caminar, ir al cine o simplemente conversar.
El Acompañante a citas médicas va con la persona a sus citas, en ocasiones le sirve de intérprete y lo lleva a casa de regreso, les brindan apoyo físico y moral. Reynalda Pagán es una dominicana que como voluntaria, desde hace 8 meses es la compañera de esos seres de manos arrugadas, de aquellos que tejen la experiencia de los años vividos “mi motivación es simplemente ayudar a las personas que necesitan de mí, que necesitan amor y compañía”.
Los Ayudantes Amistosos son los voluntarios que ayudan en tareas de corto plazo como organizar y empacar, ir de compras, retirar algún medicamento en la farmacia, entre otras tareas. Tanto para el dominicano Félix Bonilla, voluntario desde hace casi dos años como para el puertorriqueño Manuel Gómez, voluntario desde hace cinco meses servir y ayudar a esos abuelos, quienes cargan los tesoros que guardan los años, es una satisfacción que engalana al ser, que alimenta el alma y que motiva al corazón.

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Compartiendo Música es cuando el voluntario comparte y disfruta con el adulto mayor la experiencia musical de diversos géneros, sea la música que se escuchaba en aquel tiempo o la música actual. Marcelino Álvarez, voluntario desde hace 3 años, de origen dominicano, cuya misión de vida dice es la de “amar más a las personas” recuerda emocionado y con lágrimas en los ojos que un día fue donde una señora, quien comenzó a cantar las canciones que su mamá cantaba cuando él era niño “este trabajo reconforta el espíritu”, sostiene.
La directora de La Cadena de Amistad (FriendshipWorks), la nicaragüense Lillyana Hebbert comenta que algunos de sus voluntarios provienen de Urban League, que es un programa para trabajadores de más de 55 años, lugar en donde los capacitan en diferentes ramas de servicios sociales. La oficina de Jaimaica Plain está abierta de lunes a viernes, de 9 de la mañana a 5 de tarde y todos los adultos mayores que necesiten ayuda para mejorar su calidad de vida pueden llamar al 617-277 5248. También la directora hace un llamado a los latinos que quieran ser voluntarios para que se integren a La Cadena de Amistad “necesitamos mucha ayuda para ayudar”.
Los 62 voluntarios de Jamaica Plain son el eje de La Cadena de Amistad, son la columna vertebral para llevar alegría, para llevar de la mano a la ternura de aquellos seres que lo dieron todo, que hoy necesitan de esa mano amiga para seguir avanzando, para seguir viviendo cada día, viviendo cada alborada con la paciencia y la esperanza de ver un nuevo amanecer.
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Servicio y entrega de dos niñas voluntarias
Rosa Espíritu Santo y Venus Pimentel. Dos niñas del décimo segundo año de la escuela secundaria, 16 y 17 años respectivamente, son las dos voluntarias más jóvenes que tiene y ha tenido La Cadena de Amistad. La primera es dominicana y la segunda es venezolana, ambas unidas por un fuerte vínculo de amistad, por el deseo inmenso y desbordante de ayudar a sus semejantes, de ayudar a esas personas de caminar lento, cansados por el paso de los años, pero sabios y experimentados.
“Eres joven hoy y mañana mayor serás” son las palabras de Venus, quien recuerda que desde pequeña le gustaba rodearse de personas mayores “no jugaba con niños sino con adultos, tuve una conexión entrañable con mi bisabuela”. “Soy tan feliz aquí que cada sábado me despierto a las 7 de la mañana para llegar a tiempo y comenzar las clases”, asevera Rosa.
Desde hace un año, cada sábado de 9 a 11 de la mañana, en la biblioteca de Sherrill House de Jamaica Plain, enseñan inglés a los voluntarios, ya que por ser menores de edad no pueden cumplir las funciones de los voluntarios adultos. Son pacientes, dedicadas y extremadamente responsables a la hora de cumplir el rol de maestras. Rosa y Venus con la frescura de la juventud, con la energía e ímpetu de los años mozos se entremezclan semana a semana con la sapiencia de aquellos de rostro marcado por los años, de esos que al hablar perfeccionan la existencia del ser.
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