

Por Maximo Torres
Editor, El Mundo Boston
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En una manifestación pública en la que padres de familias latinos le pedían al alcalde de la ciudad de Boston, Marty Walsh, reabrir las escuelas públicas pese al aumento de los casos de coronavirus en toda la región, una madre de familia de tres niños en edad escolar me hablaba de sus frustraciones, de lo mal que se siente con sus hijos por la educación remota. “Veo a mis hijos perdidos, sin ánimo de estudiar, tienen una laptop en sus manos, pero el internet a veces falla y no pueden entrar a las clases. Yo no sé hasta cuando las autoridades van a seguir causándole ese grave daño a nuestros niños. El COVID no los va a matar, pero con este cierre de escuelas estamos matando la educación de nuestros hijos que ya no saben qué hacer ni adónde acudir”, me decía esta desesperada madre de familia.
Es evidente que la educación remota está dejando a muchos de nuestros estudiantes terriblemente afectados no solo en el aprendizaje sino en la salud mental. El impacto ha sido brutal, desproporcionado por el modelo de clases a través de una pantalla. Lo que me decía esta madre de familia es a todas luces el clamor de muchas familias latinas que creen que la educación remota no es lo mejor para sus hijos y que en cierta medida los va a llevar a la deserción escolar.
¿Cómo parar esto? ¿Qué hacer para no seguir dañando la educación de nuestros hijos? Porque, según estudios, los resultados del aprendizaje remoto desde que comenzó en marzo pasado por la pandemia del coronavirus han sido un desastre. “El progreso de los estudiantes ha sido virtualmente nulo”, me decía una profesora de Lawrence, una ciudad que tiene más del 80% de población latina.
Sin lugar a dudas, el COVID-19 ha marcado aún más las disparidades estudiantiles que se ven reflejadas en una reciente encuesta que señala que apenas el 40% de los estudiantes, en su mayoría hijos de inmigrantes, se conectaron a clases en línea una vez a la semana o menos, lo que no ocurre con las familias que ganan más de $100,000 al año que el 83% de sus niños participa todos los días.
Según Latinos for Education y el Gaston Institute de UMASS Boston, “el impacto de esta pandemia ha dejado una marca innegable con efectos duraderos en la comunidad latina y en particular en sus niños. Más del 22% de los estudiantes en Massachusetts son latinos”, quienes de una u otra forma están con resultados dispares porque los estudiantes tienen problemas para acceder a las clases en línea,
Esa disparidad se siente aún más en Chelsea, East Boston, Lynn, Lawrence, entre otras ciudades de Massachusetts, con una gran población estudiantil de origen latino.
Esta cruda realidad estudiantil deja a una comunidad de padres de familia dividida en opiniones y en un dilema de apoyar o no la reapertura de las escuelas públicas en Boston y en todo Massachusetts cuando los casos de coronavirus siguen aumentando. Hay padres y madres de familia que por las redes sociales de El Mundo Boston han expresado su oposición llamando “locos” a los manifestantes que piden que reabran las escuelas.
La Superintendente de las escuelas públicas ha dejado abierta esa posibilidad para enero próximo y, según me decía esta madre de familia, por el bien de todos apoyemos la educación presencial para que nuestros estudiantes vuelvan a seguir el camino del aprendizaje en persona con éxito y no terminen dejando la escuela.
¡Sigamos cuidándonos!





