
Chicos les cuento que estoy más que embolatada, salí de Boston superforrada por el frío espantoso y a mi llegada a Catar por poco me ponen en cuatro porque me preguntaban ¿que llevaba abajo, entre las piernas? Yo le decía nada.
Me interrogaron porque creían que llevaba alcohol. Les expliqué que por el frío me había puesto doble calzón, mi paño, pantaloneta y mi buzo, pero para ellos yo tenía un bulto extraño abajo. Me pasaron por todos los rayos maldita sea para finalmente dejarme entrar.
Alterada, sofocada, llegué al Rako Hotel en Doha y quise tomarme una cerveza, pero para mi sorpresa la empleada me dijo que solo podía tomar cerveza o vino en los hoteles de 5 estellas, yo estaba en uno de media mampara, pero las reglas en este país musulmán son estúpidas.
En Qatar rige la ley islámica (sharía), que limita la venta de bebidas con alcohol. Solo lo puedes consumir en hoteles de lujo como el Hyatt Regency Orix en Doha y lugares específicos.

Yo me rascaba la cabeza, no lo podía entender, pero me bañé, cambié y con dos amigas salí para el mentado hotel donde podía disfrutar de una cerveza, llegamos, nos acomodamos en una mesa con una vista excelente, pero de repente viene el mozo y nos dice que teníamos que movernos de allí porque una pareja de esposos árabes quería ocupar nuestro sitio. ¿Y eso por qué?, pregunté. ‘Porque son árabes’, pues nuestra respuesta fue “nosotras somos americanas y de aquí no nos mueve nadie”.
Yo no sé qué explicación le dieron a la pareja. Nosotras nos quedamos en nuestra mesa. Pero nos tomamos las cervezas asustadas, con miedo a los latigazos por desobedecer sus reglas.
Nos tomamos dos Budweiser a pecho, el calor nos sofocaba y sabíamos que de allí ya no íbamos a tomar cerveza ni fuera ni dentro del estadio porque a última hora le cambiaron las reglas dejando a la compañía con todo su stock.
Las autoridades de Catar hicieron lo que quisieron con la FIFA porque a dos días de iniciarse el Mundial le dijeron que no se podía vender cerveza en los estadios. ¡Qué desgraciados!
Felizmente llegué a tiempo para el partido de Argentina contra Polonia y pude disfrutar de ese gran triunfo y de escuchar “gritar vamos Messi, tú te comes a los polacos”.
Ver a Leo errar el penal me dio rabia, pero sentí tanta alegría como toda la legión de argentinos verlos clasificar a octavos de final con un triunfo categórico de 2 a 0 que lo colocó en octavos de final con sabor a victoria ante el país de los canguros, Australia.
La misma alegría sentí cuando clasificó Estados Unidos luego de hacer morder polvo a Irán en un partido caldeado por los ánimos entre las dos naciones que tienen un amplio historial de conflictos. La emoción estalló cuando el árbitro dio por finalizado el partido con triunfo USA 1-0. Pero días después lloré en octavos de final al ver perder al equipo de todos ante los Países Bajos 3-1

Los triunfos o penas se ahogan con cerveza, pero en este Mundial lo terrible es que las autoridades de Catar prohibieron su venta y eso nos privó de celebrar el triunfo de nuestras selecciones.
Otra de las polémicas de este mundial maldita sea fue el Var y en otros casos el mal arbitraje. Lo que pasó con Uruguay fue indignante. No le cobraron dos penales y al final del partido que los dejaba fuera del Mundial los jugadores uruguayos se fueron contra el árbitro. Se montó un enorme revuelo alrededor del colegiado. Imágenes tensas de los jugadores charrúas protestándole airadamente.
A Giménez lo tuvieron que parar entre varios compañeros. En su persecución, varios vídeos grabados a pie de campo registran al defensa que no dudó en sacar el codo para golpear a un miembro de FIFA que estaba en el campo cerca del árbitro.
“¡Manga de ladrones! Son todos una manga de ladrones. ¡Hijos de perra!”, gritó el defensa sin importarle estar siendo grabado. Ahora se espera las sanciones contra el jugador o jugadores porque se unieron a las protestas Suárez, Godin y Cavani a quien no le cobraron un penal clarísimo.
Pero allí no terminó todo, les cuento que estando en Qatar y sin siquiera poder refrescarnos con una cerveza ni mucho menos ver la danza del ombligo “belly dance” o ir a una disco, se nos ocurrió comprar un tour para conocer el desierto de Doha, pasear en camellos y disfrutar de una cena en medio del desierto.
Y que creen chicos con tanta agua que bebimos por el sofocante calor y la comida muy grasosa y aderezada nos urgía ir al baño y nos enviaron al fondo junto a los camellos donde el olor era tan penetrante que nos mataba y para nuestra sorpresa no había wáter sino un hueco o silo y tampoco había papel higiénico para limpiarse el popo, solo un caño con una manguera larga sin jabón ni toalla para secarse.
Y yo gritando Anita no hay papel higiénico y ella pasándome servilletas por debajo de la puerta. Salí avergonzada ante las miradas de todas las personas que sabían que seguía no solo con el popo sucio sino mojado por el manguerazo de agua. ¡Seguimos en la próxima con más ocurrencias del Mundial de Qatar!





